07/11/08. En el juicio iniciado por el fiscal Viana, connotados representantes de
Guayubira reconocieron que la planta de celulosa no contamina. Se le oponen
porque para fabricar papel se necesita plantar árboles, y discrepan con la
forestación. Desopilante intervención del ingeniero Ignacio Stolkin: “Contamina
porque está dentro de los parámetros de lo que no
contamina”.
Alicia Torres relató procedimiento seguido para
autorizar la planta Botnia satisface a la Dinama
La titular de la
Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) Alicia Torres sostuvo ante la
Justicia que la planta de Botnia, que se encuentra operativa en Fray Bentos
desde hace un año, está funcionando con normalidad, ya que los seguimientos
ambientales se encuentran dentro de los previsto en el permiso otorgado.
Forestalweb, 5/11/ 2008. (Fuente: Últimas Noticias)
Torres
declaró ayer en calidad de testigo ante el juez civil Juan Carlos Contarín, en
el marco de la demanda presentada por el fiscal Enrique Viana, quien pretende
que se condene al Estado por “omisión” ya que afirma que se autorizó la
instalación de la planta sin haber cumplido con todos los estudios de impacto
ambiental.
“El seguimiento ambiental se sigue por las condiciones de los
afluentes y de la emisión de gases en el entorno; todo cumple con las
condiciones exigidas en un primer momento, por lo tanto el resultado es
satisfactorio”, dijo la funcionaria, quien respondió las preguntas de Viana
durante casi una hora.
En presencia del magistrado y abogados del Ministerio
de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y de la firma finlandesa,
explicó el procedimiento seguido por la Dinama para habilitar el funcionamiento
de la planta industrial cuya construcción costó más de mil millones de
dólares.
Torres dijo que las capacidades técnicas que se evaluaron ya habían
culminado antes de 2005, cuando asumió el gobierno del presidente Tabaré
Vázquez.
***
El juicio, confusiones y confesión
Lo que
sigue es una síntesis del acta de la audiencia ante el Juzgado Letrado de
Primera Instancia en lo Civil de 2do. Turno, a cargo del juez Juan Carlos
Contarin Villa, en autos caratulados “Fiscalía Letrada en lo Civil de 3 turno c/
Poder Ejecutivo – Mvotma - Juicio ordinario” IUE 2-1507/2005. Allí comparecieron
ayer, 5 de noviembre, el fiscal Enrique Viana Ferreira, los representantes del
Ministerio y los de Botnia SA y Botnia Fray Bentos SA.
Sobre todas las
afirmaciones de los representantes de Guayubira, nos remitimos a la nota
Forestación y celulosa, las convicciones y la realidad y a los enlaces y notas
relacionadas al final de la misma.
En esa instancia declaró Ricardo
Carrere, quien se desempeña hace 10 años como coordinador internacional del
Movimiento Mundial por los Bosques, una organización nacida en Malasia en 1986
cuyo objetivo es la protección de los bosques y de los pueblos que los habitan.
Si algo caracteriza a Carrere es su facilidad para mezclar todos los temas.
Y lo hizo una vez más, para explicar que no está contra la fabricación de pasta
de celulosa ni contra la fabricación de papel. Dijo explícitamente que no se
opone a Botnia porque su fábrica contamine, sino porque una planta de celulosa
supone la existencia de forestación. Y él y los movimientos que él integra están
en contra de la forestación.
Al comenzar su larga exposición reiteró su
prédica diaria: “prácticamente en todos los casos el agua empieza a desaparecer
y baja la napa de agua, empiezan a secarse los humedales y a disminuir caudales
de agua que lleva a que se sequen cañadas y disminuya el caudal de los ríos,
esto se ha constatado en todos los países y en Uruguay desde el año 99 se vienen
documentando dichos fenómenos, se recibió una denuncia desde Soriano en Cerro
Alegre donde los vecinos decían ‘se nos secaron todos los pozos’ y fueron a la
zona y se constató que era así, vinculado a una forestación donde a los tres
años de instalada se secaron los pozos, esto fue en el año 99, era una
plantación de Fosa. Desde entonces se ha seguido documentando en varias zonas
como Algorta, las plantaciones de la Caja Bancaria y Notarial y de otras
empresas y después también en Tranqueras por Fimsa, Cofusa”.
“Es casi
imposible decir qué empresa es la culpable”, reconoció. “Lo otro que sí se ha
investigado en Uruguay es el impacto sobre los suelos, la composición, la
textura, el nivel de PH, se va modificando el contenido de carbono; el primer
estudio aquí se hizo en el año 90 por parte de un investigador de la Facultad de
Ciencias y ya en aquella época se determinó (…) que en determinados tipos de
suelo la forestación podía terminar en la desertización del mismo, publicado por
Ciedur (Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo de Uruguay),
integrado por el Prof. Panario. Sobre el 2007 hay un doctorado por otro profesor
de la facultad de ciencias, el Dr. Céspedes donde también se constata el impacto
sobre el suelo, y si bien hay impacto sobre flora y fauna no hay estudios
específicos admite que por ejemplo existe a raíz de tal plantación un aumento en
la cantidad de zorros, jabalíes y cruceras que afectan a pobladores locales y
producción, alcanza con visitar las grandes zonas forestadas y la gente
inmediatamente habla de estos temas y parece evidente que si se cubre toda un
área que era ganadera normalmente o que era básicamente una pradera y se
transforma en una plantación gran parte de la fauna no encuentra alimento y la
flora no se puede desarrollar genera un impacto que si bien no está bien
estudiado se advierte por el conocedor”.
Carrere abundó en consideraciones
respecto a las consecuencias de definir a los suelos de menor riqueza como de
prioridad forestal, para llegar al “impacto social”, e insistir en la supuesta
“desaparición de miles de pequeños productores”. Reconoció también, lo que es
novedoso de su parte, que “no se puede culpar exclusivamente a la forestación”,
ni “puede precisar a cuántos productores pertenecían esas tierras”, para
insistir (contra lo que demuestran los censos) en que “donde hay forestación
desaparece la gente (…) el campo se fue despoblando, (…) hay un proceso de
expulsión rural”.
Eucaliptos, ocupación y desmentidos
varios
Tampoco se jugó a desmentir las cifras públicas relativas al
aumento de la ocupación, confirmadas por todas las instituciones vinculadas al
tema. Se limitó a decir que “genera dudas si genera más o menos empleo que la
ganadería extensiva, si genera menos que otras actividades y esto se respalda en
los censos agropecuarios”. Citó en su apoyo al economista Joaquín Echevers,
“quien sostiene que genera menos empleo que la ganadería extensiva” (¿?), aunque
reconoció que “hay quienes dicen que genera más”. “Está en debate”, afirmó. Pero
las porfiadas cifras dicen muy otra cosa.
“El eucalipto básicamente ha sido
elegido por su rapidez en el crecimiento y su adaptabilidad a crecer en
cualquier tipo de suelos”, destacó, contradiciendo todo lo que vienen diciendo
las supuestas ONG “ambientalistas” que denuncian una y otra vez que “las plantas
de celulosa buscan los eucaliptos del Sur porque en el Norte están
prohibidos”.
Luego de historiar de qué forma se ha plantado el eucalipto en
el Uruguay a lo largo de la historia hasta encontrar especies de crecimiento más
rápido, etcétera, etcétera, etcétera, manifestó que “la madera que se utiliza en
Finlandia proviene de Rusia donde ya no mandan tanto tampoco”, reconoció que “un
árbol [que] en Finlandia crece en 80 años acá en Uruguay crece en 8”. Y reiteró:
“Entonces lo que se ve claro es que se mudan de países del norte donde los
árboles crecen lento y los suelos están agotados y se mudan al sur donde hay
mejores climas y mayor crecimiento”.
Y siguió hablando sobre eucaliptos hasta
detenerse en que “gran parte de la celulosa producida termina en cartones y
papeles de envoltura, casi la mitad, pero si ha habido un aumento creciente de
la utilización del papel y el cartón esto es porque las empresas buscan nuevos
usos, lo que genera mayor consumo, también genera una desigualdad entre el papel
que se consume en los países del norte, con lo que se consume en los países del
sur”: 400 kilos de papel por persona y por año en Finlandia contra 40 kilos en
Uruguay. [En realidad, el aumento en el consumo de papel se está dando en los
países emergentes.]
Y siguió hablando de la historia de Guayubira
(fundada en 1997 con el objetivo de la defensa al monte indígena y la oposición
a los monocultivos), para terminar –después de su muy extensa disertación– en
que “ha incorporado ahora también la oposición a las plantas de celulosas que
generan mayor plantaciones”.
Ni ahí con controlar: criticar de
afuera
Por fin parecía acercarse al tema de la audiencia judicial:
las plantas de celulosa. Pero puntualizó entonces que Guayubira “no integra
la comisión de seguimiento de Botnia; tiene entendido que la invitación
fue abierta, pero entendieron que era más razonable quedarse afuera y
monitorear [¿?] que integrar una comisión donde iban a ser
minoría”.
Exactamente igual que los “referentes científicos” del piquete de
Arroyo Verde: mejor hablar desde afuera, según los rumores que le llegan a Delia
Villalba, antes que comprobar desde adentro qué es lo que verdaderamente
ocurre.
“Preguntado si se opone a todas las plantas de celulosa en el
mundo, contesta que considera que hay una cuestión de un modelo de escala”.
Reiteró que Botnia produce un millón de toneladas por años y la más grande de
Finlandia 600.000”, para insistir en la indemostrable afirmación de que “a mayor
escala mayor impacto” [Se supone que ello es independiente de la tecnología
que apliquen, pero más adelante dice lo contrario]. “No se opone a una
plantación de pocas hectáreas, sí a las grandes plantaciones”.
Volvió
también a sus afirmaciones “filosóficas”: “La producción de papel obviamente
es necesaria”, reconoció; “el tema: ¿papel para que?”.
Pero se contradijo
en otra parte de su intervención, cuando habló de “una planta que es muy
contaminante como Fanapel, que produce 200.000 toneladas” [que nunca fue
objeto de una denuncia por el fiscal Viana]. Después de pronunciarse a favor
de las plantas pequeñas porque cuanto más grandes más contaminan (“el peligro de
una planta de 1.000.000 es la cantidad de productos químicos que se utilizan”),
afirmó que la pequeña “Fanapel hacía papel a base de trigo, así que se puede
fabricar papel a base de varios materias primas”. Pero terminaba de calificarla
como hoy altamente contaminante.
“El tema es el desperdicio del papel,
como el uso en Europa de manteles descartables en los restaurantes, entonces no
se opone ni a las plantas de celulosa ni al papel, sino al uso
indiscriminado”, afirmó en otro de sus desvíos del tema.
No se sabe qué
habrá pensado el fiscal Viana cuando su reputadísimo testigo terminó hablando a
favor de la fabricación de papel siempre que no se lo use en forma
“indiscriminada” (¿?).
Luego Carrere volvió a hablar de los bosques, de
porqué Rain Forest tiene un nombre en inglés y otro en español, nuevamente de
las campañas “contra los monocultivos de árboles con prescindencia del clima”.
Recordó que Guayubira “participó en las audiencias” previas a la instalación
de las plantas de celulosa, luego se movilizó ante el Banco Mundial contra
la concesión de los créditos necesarios para su instalación, insistió en el
cuestionamiento a las “cifras de empleo que presentó Botnia”, así como “en los
diferentes procesos de la autorización”, aunque –en su cómoda posición– “se negó
a participar en la audiencia que organizó el Banco Mundial pero envió sus
objeciones por escrito”.
Y otra vez sobre la ley forestal de diciembre de
1987, que promovió “la forestación masiva en ciertas partes del país”, para
reconocer que “las empresas han cumplido con lo que el Estado ha dispuesto”,
historiar cómo evolucionó la superficie forestal de acuerdo a lo previsto, para
reconocer nuevamente que, “respecto del fenómeno de migración del campo a la
ciudad a que hizo referencia anteriormente, (…) no es causa exclusiva la
forestación”. Pero, insistió en total coincidencia con Delia Villalba y en
contradicción con las cifras oficiales, “el tema es que la forestación vino con
la promesa de generar más empleo rural y no lo hizo, expulsó más gente”. “Se
podrá discutir después si el número total de empleos es mayor o menor, pero
no hay dudas que empuja a la población rural a los centros poblados”.
¿A qué veníamos?
Por tan diversos temas discurría su
discurso, que “se le pregunta al testigo qué vinculación existe entre el
contenido de la exposición que ha desarrollado hasta el momento, relativo a un
fenómeno forestal, con el objeto de este proceso donde concretamente se está
analizando, controvirtiendo, la actuación del Estado en cuanto a la legitimidad,
no a la conveniencia, de otorgar un permiso para funcionar al emprendimiento
industrial de Botnia y por otro, si esta última cumplió o no con los requisitos
que a tales efectos establece la ley como los decretos
reglamentarios”.
Viana protestó por esa pregunta, y “contesta el testigo
que todo lo que ha venido narrando tiene una vinculación directa con la
instalación de la planta de celulosa, (ya que) en Finlandia no puede haber
planta de celulosa sin bosque para explotar”. Es de suponer que eso no ocurre en
ningún lugar: ¿dónde se instalaría de lo contrario una planta de celulosa? Al
comienzo, la forestación en Uruguay tenía como destino la exportación de chips
para su industrialización en Europa, y cuando hubo una masa suficiente ocurrió
lo previsible: las plantas se acercaron a los bosques.
Pero Carrere cambió
el discurso: “dice que lo que hay que hacer es ver el impacto general, los
bosques, transporte carretero, ferrocarril, transporte fluvial, todo es parte de
un mismo emprendimiento y debe estudiarse en conjunto y eso hizo el Banco
Mundial” (y de lo cual Guayubira optó por quedar al margen), “lo que no hizo
el Estado, y cuando desde la sociedad civil se le está diciendo al Estado y
proporcionando documentación acerca del impacto grave en el agua, los suelos, la
flora, la fauna, el paisaje, el empleo, la población rural, y que todo debe ser
tomado en cuenta en un emprendimiento de estas características” no obtiene la
respuesta que Guayubira espera.
En las siguientes disquisiciones ignoró los
impactos positivos precisamente en ese “todo que debe ser tomado en cuenta” para
concluir que “el Estado no hace nada, no contesta nada, y esto se ve a nivel
mundial, y se repite en todo el mundo, en Sudáfrica el Estado se dio
cuenta del impacto que tiene…”
Volvió al tema afirmando que “el estudio de la
Facultad de Ciencias hace dos años fue muy cuestionado”, y efectivamente lo fue:
para empezar no fue un estudio “de la Facultad de Ciencias” sino un “copio y
pego” de afirmaciones generales que efectuaron algunos docentes embanderados con
la posición de Carrere, y frontalmente rechazado por todos los demás docentes de
la Facultad de Ciencias y otras instituciones académicas de la Universidad de la
República. “Fue una discusión política”, afirmó Carrere, y efectivamente lo fue.
Pero no mencionó cuáles fueron los aspectos políticos en discusión.
Los
nuevos emprendimientos “requieren más forestación y por consecuencia más
impacto”, afirmó, para reconocer que él mismo “apoyó la ley forestal en su
momento”; insistió en su lista de impactos para terminar en que “al hablar de la
celulosa no se puede dejar de hablar del tema forestación” y, aunque nuevamente
se fue a Brasil, volvió para postular que “tendría que funcionar un principio de
precaución”.
“El debate de Guayubira y el suyo propio, reiteró, “no es
la contaminación, sino que el tema principal es la forestación y, si la
forestación es mala para el país, más plantas de celulosas generan más
plantaciones, lo que aumenta el mal para el país”.
Nuevamente,
el fiscal Viana debe haber quedado descolocado cuando su reputadísimo testigo
terminó reconociendo que el debate “no es la contaminación sino la forestación”
que él considera “mala para el país”, de donde deduce que “más plantas de
celulosas generan más plantaciones” (históricamente no fue ese el proceso), de
lo cual él colige que “aumenta el mal para el país”.
***
Stolkin:
no me dijeron, o sí pero después
Llegó entonces el turno del
ingeniero Ignacio Stolkin Berezoski, quien se integró a Guayubira para tomar
parte del estudio de impacto que presentaba Botnia con miras a obtener el
permiso para su instalación.
“Encontró una cantidad de objeciones sumamente
serias, tanto que de entrada hubiera rechazado el estudio de impacto al ver en
la última página que no había ni una sola cita literaria en que se afirmaba el
estudio”, proclamó.
El estudio “estaba lleno de contracciones”, dijo, pero
reconoció que antes de su descubrimiento la propia Dirección Nacional de
Medio Ambiente (Dinama) había reclamado las aclaraciones, y leyó para
demostrarlo una resolución de 11/2/2005. Después de reconocer que la Dinama ya
lo había señalado y reclamado ampliaciones, Stolkin se explayó en
consideraciones sobre la “falta de seriedad” de ese estudio que la Dinama obligó
a ampliar.
“Este estudio al que le hicieron 36 objeciones llevó a que el
Banco Mundial tuviera que intervenir (¿?) a causa de que la firma tenía que
pedir un préstamo de 300 millones de dólares”, dice –como si no fuera obvio que
el Banco estudiaría concienzudamente los informes antes de conceder los
préstamos. “A consecuencia hubo varias auditorías y la primera le hacía 71
objeciones al estudio al cual la comisión que integraba el testigo le había
hecho 36: las mismas y más”. O sea que a la comisión de expertos de Guayubira
que integraba Stolkin se le escaparon el doble de las objeciones que otros
encontraron: 36 objeciones halladas y 35 que se le escaparon.
Insiste en
que las auditorías a los informes fueron algo a lo que se vio llevado el Banco
Mundial por su “falta de seriedad”, como si prestara miles de millones de
dólares a cambio de bellas promesas. De todos modos, “la firma obligada a
mejorar la situación empezó a hacer los estudios y cambios indicados”,
“llegó una auditoría y se encontró con que a la mitad de las cosas Botnia no las
había hecho, por consiguiente tuvo que haber una segunda auditoría y ésta se
encontró con que se habían remediado muchas cosas y otras no, y entre las que no
(aquí se trata de utilizar las mejores técnicas que existen, esas mejores
técnicas son resultados de experiencias anteriores, tanto en cuanto a
rendimiento como a comportamiento con el medio ambiente), la empresa Botnia dice
seguir al pie tal cosa, pero como todo los conocimientos van avanzando y todo va
cambiando; lo que estaba utilizando la firma Botnia son las técnicas BAT que
correspondían a estudios hechos hasta el año 2000, por consiguiente eran
aquellas que en el 2001 estaban en trámite de ser aceptadas, pero existían
mejoras a las cuales no se refería, en otras palabras había un retraso en cuanto
a que se estaban utilizando las mejores”. Se supone que Stolkin tomó aire allí
para seguir: “Frente a eso la segunda auditoría aceptó ese criterio y encontró
que había cosas que no se cumplían, entre ellas una que no es de poca
importancia como la de eliminación de los gases olorosos. Según las técnicas BAT
la eliminación tenía que hacerse en forma automática con la chimenea, y Botnia
decidió que no, que lo haría manualmente y el auditor dice que era “cuasi BAT” y
que la firma afirmaba que lo hacía para aumentar la concientización de los
trabajadores y poco tiempo después hubo una palabra no esperada de la firma y
por no tener comunicados los gases olorosos a la chimenea tuvieron que ser
comunicados manualmente e inundaron de olor a Fray Bentos”.
Tóxicos, aunque sean indetectables
Se explayó luego
sobre la toxicidad de productos como “el sulfuro de sodio (sal fácilmente
descomponible en ácido sulfúrico y soda cáustica, que si se respira va a los
pulmones con consecuencias nefastas, y el ácido sulfídrico es más peligroso que
el cianhídrico: si la dosis no es letal conduce a ataques de la piel interior
con heridas, problemas pulmonares, también en las vías aéreas, la nariz”. Afirmó
que “causa gracia que se haya culpado al viento del incidente” de agosto de
2007, y repitió todas las falsedades ya archi-comprobadas, como que hubo
trabajadores que “tuvieron que ser internados”, cuando todo Fray Bentos sabe que
fueron dos los que permanecieron en observación y fueron dadas de alta al
cabo de unas horas. “La compañía está obligada a tener a mano los medios
suficientes para combatir accidentes, y los enfermos fueron transportados en
camiones que casualmente estaban allí [en una obra de ingeniería en plena
construcción], y se cruzaron con la ambulancia que venía en camino, lo que
demuestra la falta de seriedad de la firma por la falta de prevención”, agregó
[la empresa trasladó a su personal al hospital en menos tiempo de lo que
demoró la ambulancia en llegar].
Se le olvidó mencionar al obrero muerto
como consecuencia de un accidente durante la construcción de la planta, y no
ingresaba aún en la contaminación que –según él, Guayubira y el fiscal Moller–
es inherente al funcionamiento de una planta de celulosa.
Empleo:
no les creo
“Cuando la firma llegó al país hizo el estudio de impacto
e hizo propaganda de la enorme cantidad de puestos de trabajos, directos e
inducidos, 6.000 de cada uno”, agregó después, sin recordar que estaba allí para
hablar de contaminación. “La segunda auditoría del Banco Mundial hace saber que
no hay base para hacer esas afirmaciones, no podía al terminar decir de donde
salían esos números”, agregó Stolkin, impertérrito a los datos no de las
proyecciones sino de la realidad.
“El problema es que se plantea un problema
de interacción Estado, Ministerio, Botnia y tratados internacionales”, prosiguió
en sus disquisiciones. “El estudio de la Dinama en primera instancia pareció
bastante acertado, el decreto que permitió la construcción de Botnia fue
cambiado de ese estudio técnico por el ministro de la época, separando el
permiso de construcción del permiso de funcionamiento”, y continuó historiando
los procesos administrativos… sin llegar al tema de la audiencia judicial en la
que él era testigo principalísimo.
Siguió abundando en consideraciones sobre
el proceso de autorización para opinar que los opositores al proyecto “no
estaban frente a una organización que estaba controlando el cumplimiento de las
leyes nacionales sino que estaban (…) ante una organización asociada a una
empresa extranjera”.
Alguien lo volvió al tema: “Preguntado acerca de las
dioxinas y furanos, dice que es un tema interesante”. Reiteró que “son productos
terriblemente tóxicos”, se explayó sobre sus características y en qué etapas del
proceso de producción de celulosa se producen. Reconoció que, “para la parte
acuosa existe una serie de estudios que demostraron en el laboratorio que la
sustitución de cloro por dióxido de cloro disminuía fuertemente la presencia de
dioxinas” (es decir, la sustitución del blanqueo de la pulpa de celulosa con
cloro elemental por el sistema ECF Light, libre de cloro elemental, que fue lo
que rechazaron Greenpeace y los “ambientalistas”). Pero no pudo con su genio y
afirmó que “esto es simplemente un estudio de laboratorio y estos como
indicadores son muy buenos, pero los modelos son acotados y por consiguiente
se necesita ir adaptando al proceso las condiciones de trabajo para ver qué
resultados se obtienen”. Lo que no consideró del caso comentar fue porqué
ninguna de las mediciones en Uruguay ni en el resto del mundo donde las plantas
de celulosa emplean el sistema ECF arroja la presencia de dioxinas ni
furanos.
No existen pero son tóxicas
Pero él no le cree
a nadie, ni a los técnicos finlandeses (“que no eran de Botnia sino del
Ministerio de Medio Ambiente de Finlandia, ambos venían con un laptop, con
suficiente capacidad para tener datos), y como, según cree, “las dioxinas son un
problema en todo el mundo (…), sale una frase: ‘No se producen dioxinas’”.
Lo malo para el razonamiento de Stolkin es que no sólo es una frase
sino que existen fundamentos científicos de porqué no se producen, y además
existen mediciones que lo confirman. Pero él pregunta “en cuantas fábricas
habían comprobado que no habían dioxinas, con qué frecuencia lo habían medido,
qué metodología habían utilizado y dónde estaba publicada esa información, a lo
que no pudieron contestar”, dice, impermeable a la información pública.
Se
fundamenta en que no es posible medirla en Uruguay porque requiere aparatos y
análisis muy caros. E insiste en que esas sustancias, que sí se producían en el
blanqueo con cloro elemental pero no se producen en el proceso ECF, son
bioacumulables, insolubles y mortalmente tóxicas. El detalle que esquiva es que
no se producen con el sistema ECF Light de blanqueo, y si no son detectadas es
por tan elemental razón.
Entonces prefiere centrar su preocupación en “qué
iba a pasar con los residuos sólidos peligrosos como aceites industriales,
guantes, restos de tubos de luz, los que se consideran peligrosos”. Tampoco
está conforme con los demás residuos que “pueden ser tóxicos (aunque) no
lo puede precisar; necesitaría tener a la vista la lista de productos
resultantes”.
Luego discrepó con la autorización a la fábrica de dióxido de
cloro Kemira, pero porque “cuando se hizo el Estudio de Impacto el mismo decía
que la planta de dióxido de cloro era parte de Botnia y tendría que
serlo”, pero no llega a afirmar que también Kemira sea una fuente de
contaminación. De todos modos, “preguntado si hoy se fuera a instalar una
planta de producción de dióxido de cloro se necesitaría una autorización
ambiental, dice el testigo que para él si, como para toda empresa hasta una
panadería”. Sin embargo, el fiscal Viana aún no ha iniciado ninguna acción
contra el Estado por la falta de Estudio de Impacto Ambiental de ninguna
panadería.
Stolkin abundó nuevamente sobre la composición de los efluentes de
las plantas de celulosa y su toxicidad (aunque no la refirió a la tecnología
empleada ni a las cantidades en que resultarían tóxicas, ni por supuesto a los
registros obtenidos y que dan por resultado que no exceden el 10% de las
cantidades en que sí se las consideraría contaminantes).
Otro
desmentido a los cientiqueteros
En cambio, “preguntado acerca del
caudal del Río Uruguay respecto de ríos europeos”, reconoció “que es mucho
más caudaloso el río Uruguay, y a efectos de desprenderse de determinados
elementos dice que ayuda en la disminución de la concentración”. Otro
frontal desmentido a las afirmaciones en sentido contrario de los opositores a
la fabricación de pasta de celulosa. No obstante, insistió en que “si son
insolubles se van acumulando en el fondo con el
tiempo”.
Presiones
Consideró que los permisos obedecieron a “la
presión sobre la Dinama” emergente “de la actitud del presidente de la república
Sr. Tabaré Vázquez al decir 'Bienvenido Botnia porque nos trae 8000 puestos de
trabajo'”. Y ello se demuestra por el hecho de que “los técnicos [de la Dinama]
son capaces”.
Sin embargo, admitió que con el tiempo “la industria de la
celulosa ha progresado mucho, ha mejorado mucho”, que las Mejores
Tecnologías Disponibles (BAT) “son fruto de un proceso por el cual los europeos
se morían, después que destruyeron todo hubo ciertas corrientes que demostraron
que estaban matando a Europa y en ese proceso se mejoraron todas las
producciones industriales (…) y en todo el proceso una de las más contaminantes
sino la más como las plantas de celulosa se vio presionada para mejorar y mejoró
el rendimiento y mejoró lo relativo al impacto ambiental”.
Pero, a
continuación, postuló que “es necesario racionalizar el uso del papel, el
problema es cuánto se necesita de celulosa”, y repitió que “en este país se
consumen 40 kilos per capita”.
Había anexo, sí
A esa
altura, el representante de Botnia lo trajo al motivo de la audiencia y le
preguntó si le consta que, como afirmó al principio de su intervención, no
existiera biografía anexa al Estudio de Impacto Ambiental. Stolkin respondió que
“cuando se hizo con el informe y advirtió que carecía de ella, hecho acaecido en
la ciudad de Fray Bentos el día de la presentación, le fue expresamente
negada”. Como lo que había recibido en esa instancia de discusión pública fue
“el Estudio de Impacto resumen donde no hay biografía”, opinó que era “un
panfleto sin valor”. Pero reconoció de inmediato: “cosa que después cambió,
pues la Dinama si se lo permitió”, aunque opinó que “prácticamente no tenía
literatura”. Preguntado sobre el Anexo 1 dice que lo recuerda, “pero lo que
narró fue en base a lo que juzgó el informe”.
Se le preguntó entonces sobre
lo que afirmó en una entrevista del 25/11/2005 (Nueva Tribuna) respecto a que la operación de Botnia iba a producir lluvia ácida, a lo que Stolkin
respondió “que la recuerda, que no tiene datos al día de hoy de que ello haya
ocurrido”. Y agregó que “sí afirmó en la misma que iba a desparecer el
turismo del balneario Las Cañas y que así aconteció, y que según versión que
le consta es que el balneario fue alquilado por los finlandeses para vivir
allí”. O sea que Las Cañas desaparecería como balneario presumiblemente por la
lluvia ácida y hoy lo confirma porque la versión que tiene es que todo el
balneario fue alquilado para que vivan allí los técnicos finlandeses.
Extraña confirmación.
No contamina, por eso
contamina
Se le preguntó si conoce el estudio de la consultora
Ecometrix a pedido de la Corporación Financiera Internacional (ICF). Stolkin
dijo que lo conoce, y que el mismo “demuestra que (Botnia) está contaminando
pues da una cantidad de valores de productos que está enviando al río y
que están dentro de los valores de aquellas plantas que estuvieran utilizando
las mejores técnicas obtenibles (BAT)”.
Es decir que los “productos que
está enviando al río” se encuentran “dentro de los valores” que se espera emitan
las plantas que utilizan las mejores técnicas disponibles. Es decir que, según
todos los organismos internacionales, están “dentro de los valores” no
contaminantes. Pero Stolkin dice que sí, que por eso mismo son contaminantes.
“Preguntado si, de acuerdo a las conclusiones que ha leído, los valores están dentro de los parámetros legales permitidos y reglamentarios”,
Stolkin reconoce “que sí”, pero opina “que eso no significa que no
contamine, esos parámetros son fijados porque BAT no es una norma. Conoce el
decreto que regula la calidad de las aguas y está dentro de esos parámetros,
pero reitera una vez más que igual contamina”.
Después de lo
cual probablemente a nadie le quedaban ganas de seguir en esa noria. Razón por
la cual, “para constancia, se labra la presente que firman los comparecientes
después del Sr. Juez”.
Fuente: EcoUruguay
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destruccion
Esperamos en este poder la defensa de nuestra soberanía y saludl
?¿
sin agua
GRACIAS FISCAL URUGUAYO, ENRRIQUE VIANA MERECE LOS RESPETOS DE LOS URUGUAYOS
La negación de la verdad como acto de fe
La realidad es que todo ser vivo e incluso estructuras inanimadas como un volcán producen emisiones al ambiente, simplemente porque lo conforman. En el caso de las actividades humanas que podemos reglamentar no se puede exigir que no produzcan emisiones pero si que sus emisiones no sean contaminantes. O sea que no modifiquen el ambiente de manera irreversible y perjudicial. El agua pura agregada en una pecera donde vivan seres marinos acostumbrados a una salinidad importante es un contaminante a partir de cierta cantidad porque origina la destrucción del sistema biológico en la pecera.
A nadie se le ocurre en base a ello prohibir el agua pura pero si regular la forma en que se agrega a las peceras.
Negarlo todo para aceptar lo que no se demuestra pero conviene a una posición de vida personal es una deshonestidad medieval ppropia de la inquisión pero no de seres civilizados.
La verdad te hace libre, la ignorancia te aprisiona María. Estudía, que si tiene muchas letras o es sopa o es un libro y ambos alimentan.












