02/01/09. La Naturaleza es el medio en el que transcurre la vida del hombre y de donde extrae los recursos necesarios para su desarrollo. Los montes son parte principal de ella. Hasta hace poco tiempo, el hombre sólo aprovechaba la Naturaleza. Hoy la aprovecha y, además, se preocupa de su conservación.
Nos enfrentamos a una situación inestable, con nuevas demandas, nuevos conflictos, y con una serie de factores concurrentes: el crecimiento demográfico, la contaminación, el desarrollismo economicista o la simple extracción de recursos naturales por encima de su capacidad de renovación nos ha conducido a esta situación, tanto a las sociedades avanzadas como a las subdesarrolladas.
Compartiendo estos problemas y siendo solidarios con el resto de la humanidad, España es un paÃs que disfruta todavÃa de un nivel de calidad de su naturaleza que constituye un patrimonio de gran valor y que proporciona a nuestra sociedad la posibilidad de disfrutar de un nivel de vida económicamente elevado. Estamos en los 24.000 dólares de renta per cápita, en PIB superamos el billón de dólares y somos la octava economÃa del mundo por delante de Canadá, la India o Méjico.
Disponemos, además, de 960 espacios naturales protegidos con una superficie de 4,6 millones de hectáreas, de 13 millones de hectáreas incluidas en la Red Natura 2000, de una superficie forestal de 26 millones de hectáreas, de las cuales 14,7 son arboladas y con tendencia al incremento de la superficie forestal arbolada entre Inventarios Forestales Nacionales, del 30.
Esta situación no está exenta de riesgos: la erosión y la desertificación supone la pérdida de 1.200 millones de toneladas de suelo anuales, con 21,3 millones de hectáreas con pérdidas mayores de 12 toneladas/hectáreas/año y 5,9 millones de hectáreas con pérdida superiores a las 50 toneladas/hectáreas/año.
Los incendios forestales amenazan los bosques (una media de 20.000 siniestros anuales se producen en los montes) produciendo daños a la superficie forestal que han alcanzado las 120.000 hectáreas de media en los últimos cinco años, pero otros riesgos como la lluvia ácida, las plagas y enfermedades, en un entorno general de cambio climático, ponen en peligro en los lugares más sensibles la persistencia de las masas forestales.
Los montes españoles, que forman parte de nuestra naturaleza, precisan de una atención especial: el 77 por ciento del suelo protegido de los espacios naturales es forestal y más del 70 por ciento del suelo de la Red Natura española es, también, forestal.
No basta con leyes intervencionistas que todo lo declaran protector o protegido. Eso es papel mojado si no se profundiza en las dificultades reales que tienen los titulares de montes para gestionarlos adecuadamente.
Está demostrado, en multitud de puntos geográficos, que en España el monte rentable no arde. El monte que da beneficios, que reparte rentas, que proporciona empleo, no arde. Lamentablemente la rentabilidad económica de gran parte de los montes españoles no existe. La actividad forestal no es viable; en muchos sitios cuesta más aprovechar el bosque que el beneficio de la renta de su madera o de otros productos.
Solamente la actividad cinegética está manteniendo la viabilidad económica del monte en muchos lugares, creando puestos de trabajo y rentas económicas en el medio rural.
El propietario de monte, el selvicultor, se ve imposibilitado de llevar a cabo las tareas silvÃcolas, tanto de prevención de incendios, como de mejora de las masas, pues la empresa forestal no es viable. Las polÃticas forestales tienen que tener en cuenta esta situación real que afecta a más de dos millones de propietarios forestales españoles, y proporcionar recursos para estabilizar el empleo rural y garantizar la adecuada conservación de los montes.
Todos debemos colaborar al mantenimiento de nuestros bosques por su papel esencial en el ciclo hidrológico, en el mantenimiento de la diversidad biológica, en la creación y defensa del suelo, en su aportación al paisaje y frente al cambio climático, en su papel de sumidero y fijador de carbono en el vuelo, en el suelo y en los productos forestales.
Los montes españoles acumulan, al menos, 3.000 millones de toneladas de CO2 y están incrementando anualmente en 75 millones de toneladas la fijación de CO2. Y eso sólo en la vegetación, sin tener en cuenta el carbono acumulado en los suelos forestales y en los productos derivados de la madera. Sólo esta cantidad supone el 20 por ciento de las emisiones anuales de toda España.
Esta nueva función de los bosques como mitigadores del cambio climático se suma a las tradicionales, valorizando aún más el papel de los bosques en nuestra sociedad. El aprovechamiento controlado de la biomasa forestal debe considerarse como una prioridad, tanto para la prevención de incendios como para producir energÃa renovable neutra desde el punto de vista de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Las externalidades del monte nos benefician a todos. El monte socialmente útil y valorado, tampoco arde. Cuanto mayor valor y riqueza generan los montes, más garantÃas obtenemos para su conservación.
La cultura forestal no debe de ser patrimonio de los técnicos y gestores de los montes, sino que debe extenderse al conjunto de la sociedad para comprender el valor de los montes, su papel en la vida cotidiana de las personas y el riesgo que supone su desaparición para el mantenimiento de nuestra calidad de vida.
El consumo de naturaleza, la demanda social de un medio ambiente bien conservado, ha situado a los montes en el espacio de un nuevo valor que debe de tener un precio por su uso público.
Esta demanda y esta presión se manifiestan con más intensidad en la medida en que los grandes núcleos urbanos están más próximos a los montes, generándose más tensión y conflictos entre los distintos consumidores de naturaleza que demandan exclusividad en su forma de uso.
La naturaleza y el monte, hasta hace poco, eran objetos considerados fuera de la cultura urbana. Hoy, la construcción social de la naturaleza y del monte aproxima al ciudadano urbano consumidor de espacios abiertos, a veces de una forma imaginaria, a una naturaleza idealizada, no real, de la que se siente dueño sin tÃtulo alguno.
Este problema de demanda sólo genera derechos y
pocas obligaciones. En este sentido, es necesario también propiciar una
educación ambiental que objetive y equilibre la percepción social de los valores
naturales generando una opinión pública capaz de discriminar la realidad social,
jurÃdica y cultural de la naturaleza y los montes, para superar conflictos y
hacer un uso armónico y justo de nuestros montes, de su paisaje, de su
biodiversidad y, desde luego, de su economÃa.
Fuente: Diario Digital Agrario












